18.3.09

culturaLAVANGUARDIAb a r c e l o n a


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Cuatro megalópolis, cuatro nietos 'mutantes' de Borges
JORGE CARRIÓN
La cultura latinoamericana se ha convertido en una red de megalópolis. De un extremo a otro de de esa red, de Buenos Aires a México DF, pasando por Lima y por Caracas, estas cuatro entrevistas breves se proponen revelar a cuatro escritores que tienen varios puntos en común: sus poéticas son urbanas y sumamente críticas, están construyendo su obra con rigor,
sin ansias de inscribirse en el mercado, pero sin renunciar a él, y son emergentes.
En una época en que parece que la emergencia en el contexto de la lengua tiene que ver exclusivamente con la publicación y el reconocimiento en España, las trayectorias asimétricas de Fabián Casas, César Gutiérrez, Rodrigo Blanco y Rafael Lemus,
que no han publicado en nuestro país,
demuestran que se puede dibujar una trayectoria de calidad desde lo local.
Siguen a Borges sin aceptar la herencia del boom.
Un mapa mínimo y panorámico de la literatura futura de América Latina, que se adelanta años a la llegada de sus autores a las librerías españolas.

BUENOS AIRES: FABIAN CASAS
Aunque como poeta es bastante conocido en América Latina (y en España ha sido antologado en Pulir huesos), Fabián Casas (1965) es un narrador con prestigio pero minoritario en Argentina. Nos encontramos en la sede de Santiago Arcos Editor, acompañados por Miguel Villafañe, el responsable de la publicación de sus libros de relatos, Los Lemmings y otros (2005) y Ocio, seguido de Veteranos del pánico (2006). Muy moreno, gafas de sol a lo George Michael, dos anillos de plata, jersey de escote en pico Lacoste con corbata a rayas: así hay que imaginarlo.
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Tanto tu poemario ‘El Spleen de Boedo’ como Ocio parecen remitir a la filosofía poética de Baudelaire.
Yo estudiaba Filosofía, pero a los 21, cuando estaba a punbto de casarme, decidí dejarlo todo: me fui dos años de viaje y me instalé en el Amazonas. Acostumbrado a cagar en la selva, me costó mucho vivir en la casa de mi viejo. De allí salió Ocio.
Toda tu obra narrativa gira alrededor del barrio de Boedo, como si quisieras crear una mitología personal emparentada con Roberto Arlt y compañía.
Boedo es el lugar donde yo nací; yo no tengo imaginación, escribo sobre lo que conozco y no me interesa en absoluto armar una mitología. Hace poco Clarín me llamó para enfrentarme a Alan Pauls, él sería Florida y yo Boedo. Lo rechacé. La literatura es una constelación, todo coexiste, no me gusta la exclusión que practican los escritores imperialistas. Ni los que rechazan la vida. Steiner, entre un cuadro y un nenito, salva el cuadro. Yo al nene.
En tu ensayo bonsái ‘Yo que crecí con Videla’ hablas políticamente de Charly García.
Sí, claro, todo es política. La izquierda es un tumor y, como tal, es rechazado por la naturaleza. El peronismo es de derechas, por eso subsiste. Y en literatura, te pongo dos ejemplos: Juan Gelman es un gran escritor de derechas, cuando es de izquierdas se vuelve pedagógico; y Orwell fue un gran escritor de izquierdas, lo consiguió porque superó la pedagogía.
Uno de tus relatos está dedicado a Fogwill; en otro aparece como personaje. En cambio, un tal ‘Ernesto Sótano’ lew parece al narrador “una mierda”.
La diferencia entre Quique y Sótano es que Quique tiene poesía y Sótano no tiene nada.
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CARACAS. RODRIGO BLANCO
Las mesas de la redacción de El Papel Literario es un aquelarre sinérgico y literario. Afuera, está Caracas, congestionada y violenta; adentro, Diajanida y Virginia, bajo la supervisión del crítico Nelson Rivera, alternan la elaboración del suplemento cultural más influyente del país con la conversación con los colaboradores. Es aquí donde me presentan a Rodrigo Blanco (1981). Moreno y espigado, es el autor de dos libros de cuentos sofisticados, Una larga fila de nombres (Monte Ávila, 2006), y Los invencibles (Mondadori, 2007), de enorme ambición literaria.
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Sorprende que en tus dos libros haya un prólogo donde se da la clave y la teoría, o parte de ellas, sobre los cuentos que el lector va a encontrar.
La idea surge por una cuestión estratégica. Yo publiqué mi primer libro gracias a un concurso para autores inéditos, al que manda sus manuscritos cualquier cantidad de gente: tenía que llamar la atención del lector. Se trata también de un discretísimo homenaje a Borges, quien solía escribir magníficos prólogos a sus libros.
Tu primer cuento se llama precisamente ‘El primer cuento’. Quiere ser una vuelta de tuerca al tema de la angustia de la escritura. Los límites del lenguaje, la prosa como poema: son temas que te interesan.
Fue el primero que sobrevivió a la autocensura. En mi caso, el temor no es a dejar de escribir sino a que deje de gustarme, hasta el punto de no querer publicar, lo que escribo.
Has hecho tu tesis sobre la obra de Ricardo Piglia: ¿cómo dirías que es tu influencia en la literatura hispanoamericana de tu generación?
Es una obsesión disfrazada de investigación académica. Me parece que Respiración artificial es un umbral que marca una dirección radicalmente distinta de lo que en la narrativa escrita en español se venía haciendo. Creo que esa novela de Piglia es el acta de defunción de los temas y las formas que caracterizaron a los autores del boom.
¿Cómo definirías literariamente a Venezuela? ¿Te sientes apoyado por tus contemporáneos?
Venezuela es un país que siempre ha luchado con el fantasma del encierro, de no lograr que sus obras y sus autores sean leídos más allá de sus fronteras, salvo algunas excepciones. Ahora da la impresión de que los mismos escritores están trabajando con un ahínco y una constancia que lucen nuevas en nuestro panorama literario.
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LIMA: CÉSAR GUTIÉRREZ
Veo Bombardero (2008), por primera vez, en una librería de Arequipa. Después me lo encuentro en las de Lima. Un auténtico ovni: grueso como un ladrillo, combina imagen y juego tipográfico en el formato de un catálogo de exposición. Pronto me dicen que es el libro más radical de la nueva literatura peruana. Norma lo ha fragmentado en tres partes y ya ha publicado la primera, Ground Zero. César Gutiérrez (1966), a quien conozco fugazmente mi penúltimo día en el país, reacciona a los extraños (y a los e-mails que nos cruzamos luego) con detalles de maldito. Lo que es de agradecer.
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¿Dónde estabas el 11 de setiembre del 2001, el día de la acción de tu novela?
Acababa de regresar de una fiesta y estaba durmiendo borracho. Como dicen en Perú, “estaba bomba”. Entonces me tocaron la puerta para decirme prende la tele. Y entre esa bomba y el bombardeo con misiles tripulados apareció automáticamente el título del libro.
Desde la segunda línea de tu novela invocas a César Vallejo. ¿El gran poeta en nuestra lengua del siglo XX es el gran narrador peruano contemporáneo? O, en otras palabras, ¿tu modelo es un poeta porque no reconoces a ningún narrador?

Vallejo es multiforme, también fue un excelente narrador, ensayista y periodista de fuste. Ahora, Bombardero homenajea a más de un prosista, de manera a veces velada (los procedimientos son un tributo a Joyce, Sterne o Cioran) y a veces expresa (Arguedas, Amis, Poe, Hunther Thompson, Juarroz, etc.).
Una de tus estrategias narrativas es el zapping. Pero tu novela es lenta, poética, de consumo pausado. Como el zapping, crea loops. ¿Es posible escribir sin tener el cuenta la televisión?

Gracias por la pregunta. Yo no puedo escribir sin tener en cuenta los audiovisuales, el punk y la electrónica, que son la banda sonora de mi vida. La velocidad del audiovisual, su interposición inclemente de planos crea collages que al estrellarse recíprocamente van tejiendo eso que con tanto acierto llamas loops, como en las canciones.
Constantemente entrelazas la violencia extrema (los aviones contra las Torres) con el sexo. Incluso hablas de porno. ¿El terrorismo es la forma del Tánatos del siglo XXI y el porno del Eros?
Eso no lo tenía precisamente calculado, pero me parece una interesante analogía. La tendré muy presente durante mis próximos atentados... contra Jenna Jameson y sus amigas.
¿Te sientes apoyado por otros autores u obras peruanos de este momento?

Bombardero es un libro que sale gracias al apoyo de mis amigos y del Gobierno de mi pueblo, Arequipa. Tengo un gran amigo escritor que intentó editarla en Madrid pero nada pudo hacer. Ahora, que una multinacional como Norma la esté re-editando habla bien de la capacidad del mainstream para respetar un trabajo original absolutamente underground.
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MÉXICO DF: RAFAEL LEMUS
México DF, la ciudad más demencial del mundo, posee una exquisita y múltiple y a veces carnavalesca vida literaria. Aunque los años pasen y Rafael Lemus (1977) empiece a dejar de ser el enfant terrible de las letras mexicanas, su opinión continúa actuando a redropelo de las imperantes. Como se observa en esta entrevista, el autor del libro de relatos Informe (Tusquets, 2008) y de la invectiva Contra la vida activa (Tumbona, 2008) hace de la ironía su mejor bisturí cuando se trata de practicar operaciones o autopsias a la literatura de su país.
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A juzgar por los tus textos, cultivas cierto gusto por lo anacrónico.
Me temo que soy absolutamente anacrónico. Aunque me dicen que las batallas literarias han terminado y que ya todos somos globales y felices, yo sigo advirtiendo aliados y adversarios. Aunque los medios y las editoriales insisten en que todos los libros son literatura, yo sigo pensando que hay literatura y hay basura.
En tu cuento ‘Crítico’ construyes un artefacto muy interesante: sobre la base de la picaresca, con la relación ‘senex’ ‘puer’ entre un viejo ciego y un joven lazarillo/lector, hablas de la relación conflictiva con la tradición, de la imposibilidad de matar al padre.
Los Contemporáneos presumían su pobreza: no robaban a las generaciones posteriores ni dejaban, según ellos, nada a las posteriores. Lo mismo me gustaría decir, pero no puedo. Casi involuntariamente escribo desde o contra la tradición literaria mexicana: para prolongar la escritura de algunos pocos autores (Efren Hernández o Juan Vicente Melo, por ejemplo) y para oponerme a las inercias de nuestra narrativa. En esto, creo, también soy anacrónico.
En ese texto hay posibles alusiones a Borges y a Don Quijote.
Cuando escribía ese cuento creo que pensaba, ya no sé por qué, en Rulfo y otro poco en Bernhard. ¿Es este un buen momento para repasar mis influencias? No, definitivamente, Fuentes ni Volpi ni esos otros escritores mexicanos que ustedes editan, en España, bajo la etiqueta del crack. No la cursilería de García Márquez ni la América Latina de García Márquez ni el castrismo repugnante de García Márquez. No Elenita Poniatowska. Casi ninguno de los escritores de los suplementos españoles. En México, quizá el intelectual tiene que lidiar más que en otros países por su independencia, porque es fácil ser ‘institucionalizado’ mediante becas, programas nacionales, etcétera.
Desde tu posición de redactor de ‘Letras Libres’, ¿cómo te sitúas en ese contexto complejo?
El escritor-funcionario: de eso está atestada la literatura mexicana. De eso y de mesura. Me gustaría creer que yo, desde Letras Libres o a través de mis reseñas y ensayos, intentara disentir, joder.

22 comentarios:

  1. por qué cortas la entrevista a rafael lemus? deja leer todo ps compadrito.

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. compadrito,
    apenas me envíen la versión completa desde españa -me vine antes de que se publique- la posteo

    un abrazo

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  5. Cosa de cheqear el aqelarre... yo sólo compré el primer tomito de norma.

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  6. la primera edición, grande y pesada y completa, está en el aquelarre y en la libreria del cc chavez de la rosa

    se escucha muy bien tu blog, biyu

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  7. Y cuando sale Bombardero en España?

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  8. Interesante lo del "8OM84RD30 S3M1NAL".

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  9. te refieres a la analogía que establece mi entrevistador en ese artículo de la vanguardia?

    jamás habia pensado eso

    pero sospecho que de eso trata este negocio: desarrollar metáforas especialmente sensibles para el lector y especialmente imprevistas por el autor

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  10. "En mi imaginación, antes de llegar, Madrid era una especie
    de Hollywood literario donde los editores se arrastraban detrás de los escritores latinoamericanos suplicándoles para publicarlos y premiarlos con la fama y la fortuna".
    Eso escribe Roncagliolo en su novela. Tú que eres fan de ese escritor, crees que es verdad?

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  11. Un fuerte abrazo César.
    A cuidarse.
    Alfredo

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  12. Un fuerte abrazo César.
    A cuidarse.
    Alfredo Herrera

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  13. Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

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  14. César, qué reacciones ha provocado este artículo en España? Supongo que la envidia de la dupla de fascinerosos tipo Thais y su hermano de sangre, el crítico que vive en Estados Unidos, será de temer.

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  15. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  16. Puta sino se habla de sexo y muerte, de nada sirve leerlo.

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  17. Bombardero. El libro Ground Zero, limita.

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  18. (a "julio castillo"): me temo que no le temo a naides

    (a jorge torres): explícate por favor

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